NOVELA
EL CORAZÓN DEL DAÑO
MARÍKA NEGRONI
(Random House - Buenos Aires)
Escritora, novelista, ensayista, nacida en Rosario, doctora en Literatura latinoamericana por la Universidad de Columbia, con publicaciones muy diversas. El corazón del daño (2021) es su última novela.
Este es un libro que ennoblece todas las citas que se entretejen en su interior; son lecturas de los autores leídos y elegidos con los que acuerda o no como cuando cita a Olga Orozco en “Boca que besa no canta”. “Libro de libros” dijo su autora, donde las citas funcionan como mediaciones, donde todo está enhebrado entre la literatura y la experiencia, lo que determina leer en esa borrosa frontera entre realidad y ficción.
A cada paso delata su oficio en la escritura, sabe cómo enlazar su vida con la literatura o la utiliza para entretejer verdades posibles; niega la verdad única por eso la novela se ve enriquecida como en una geografía escalonada por donde la fragmentariedad ingresa un orden particular que la vuelve inclasificable; tal vez novela, testimonio o autobiografía; poesía con rutas líricas atravesando la prosa, pensada sí solo sí, al ritmo del lenguaje, preocupada en cómo decir más que en categorizar; centrándose en el concepto de la literatura como parte del arte y como tal, sin límite alguno; además, entre la sencillez de las palabras que conforman el relato, están los conceptos que la narradora aporta fidedignamente, y esto produce una agradable extrañeza.
Por un lado la historia con su madre; un ronroneo de reflexiones únicas en su belleza artística y filosófica entre hechos vividos que parecen, por momentos, abarcar el odio, o el amor maternal herido, o la admiración por una madre con la que se identifica y no.
El libro está hecho de zonas; la figura materna es la que de algún modo organiza el texto; también la relación con el padre de su hija y los viajes “académicos” son otra zona para ordenar las historias interrumpidas por el pensamiento que la invade, y poder decirse frente al mundo por donde canaliza y pone al descubierto la subjetividad de sus experiencias.
© LA GACETA
LILIANA MASSARA